jueves, 18 de noviembre de 2010

Algo de la vejez

En la vejez no hay belleza
pero sí existe la calma
y esto es tan hermoso
como vislumbrar lo eterno;
beber de a poco en el alma,
soñar con lo inalcanzable,
lo que lejos de nosotros
siempre ha sido una ilusión
y que ahora en el final
se resigna con dulzura,
dulzura que trajo el tiempo
reconciliando tu tiempo
con todo lo que has vivido.

La sospecha

Con las uñas marcadas en las palmas
Con el rostro endurecido por la furia
Arreciaba la pasión en su cabeza enloquecida
No podía dejar por un instante, torturado,
de pensar a su amada en brazos de otro.

Con los puños apretados, amenaza
Con dolor su nombre muerde, y no lo grita
En silencio, padeciendo horrendamente,
él espera, él anhela, estremecido, atormentado
Y se alargan los segundos, se eternizan...

Si llegara en este instante y le sonriera
Inmenso alivio le inundaría en oleadas
Su presencia candorosa toda ira apagaría
En un vértigo de amor le sumiría
¡Mujer ausente!¡Mujer amada! ¡Mujer deseada!

Los sueños

Anoche cuando dormía
soñaba que era poeta
y de mi boca fluían
palabras de gran belleza.

¡Dicha enorme la del sueño,
verdad sin trabas ni freno!
Y del cuerpo ya librada,
no tuve formas prohibidas.

Mayor obra no se alcanza
estando uno despierto,
¡cuando se cierran los ojos
se es dueño del Universo!

Mas cuando llega la hora
del despertar a la vida,
de nuevo tomo conciencia
cabal de mi poquedad.

¿Por qué no será la vida
un largo, eterno sueño?
Pues se halla mayor deleite
en sueños que en relidades.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Sus pasos

Se le congeló la sangre,
su corazón se detuvo:
sus oídos desesperaban
por escuchar el sonido
de esos pasos tan ansiados,
de su dicha los causantes.

Cuando llegaba su hombre,
su existir se detenía, expectante,
y su mente contenía
sólo el nombre de su amado,
y su ser enajenado
sólo a él le entregaba.

Sus pasos, amados pasos,
mensajeros del amor,
cada día tan esperados,
cada día tan ansiados,
cada día tan certeros
hacedores de su dicha.

¿Cómo puede alguien vivo
quedarse como sin vida
y en la espera constante
de los pasos de su amado?
¿Qué será de esta ilusa
que ignora que no habrá modo
de retener a su amante?

Y cuando él ya no vuelva
y sus pasos enmudezcan
¿qué será de esta pobre
sin razón en su existencia?
¿Para qué seguir oyendo
si no está el sonido ansiado
de los pasos de su amado?

martes, 9 de noviembre de 2010

Dos mujeres, un secreto

Dos mujeres, un secreto, susurros, abrazos, lágrimas, palabras entrecortadas
Sus caderas, pegadas, estremecidas por el llanto, sus manos enlazadas
Nada miran, nada ven, sólo oyen a sus almas, se derraman en sollozos
Aquel secreto tan grave, que las une y las calla
De saberse, hoy podría separarlas para siempre
¡Si supieran que las dos están atadas
Por amor al mismo hombre!
Aquel nombre delator de la traición, si se supiera...
¡Ah, si se supiera! ¡Cuánto más dolor agregaría
A éstas que con celo lo protegen y lo guardan!
Mismo amante, igual secreto, mudo clamor en la pena que se agranda
De la cual sólo ellas tienen, la llave que las libera.
Cuando el nombre repte, imperceptiblemente, indómito,
Y aflore en sus voces, asombradas, congeladas arderán en justa ira
Contra toda predicción se unirán estrechamente y al amante destruirán
Condenándolo al olvido, que no hay peor humillación,
Castigo eterno, para aquél que nunca supo, y jamás aprenderá
El que quiso poseer todo y sin nada quedará.