Con las uñas marcadas en las palmas
Con el rostro endurecido por la furia
Arreciaba la pasión en su cabeza enloquecida
No podía dejar por un instante, torturado,
de pensar a su amada en brazos de otro.
Con los puños apretados, amenaza
Con dolor su nombre muerde, y no lo grita
En silencio, padeciendo horrendamente,
él espera, él anhela, estremecido, atormentado
Y se alargan los segundos, se eternizan...
Si llegara en este instante y le sonriera
Inmenso alivio le inundaría en oleadas
Su presencia candorosa toda ira apagaría
En un vértigo de amor le sumiría
¡Mujer ausente!¡Mujer amada! ¡Mujer deseada!
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