jueves, 18 de noviembre de 2010

La sospecha

Con las uñas marcadas en las palmas
Con el rostro endurecido por la furia
Arreciaba la pasión en su cabeza enloquecida
No podía dejar por un instante, torturado,
de pensar a su amada en brazos de otro.

Con los puños apretados, amenaza
Con dolor su nombre muerde, y no lo grita
En silencio, padeciendo horrendamente,
él espera, él anhela, estremecido, atormentado
Y se alargan los segundos, se eternizan...

Si llegara en este instante y le sonriera
Inmenso alivio le inundaría en oleadas
Su presencia candorosa toda ira apagaría
En un vértigo de amor le sumiría
¡Mujer ausente!¡Mujer amada! ¡Mujer deseada!

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