domingo, 14 de noviembre de 2010

Sus pasos

Se le congeló la sangre,
su corazón se detuvo:
sus oídos desesperaban
por escuchar el sonido
de esos pasos tan ansiados,
de su dicha los causantes.

Cuando llegaba su hombre,
su existir se detenía, expectante,
y su mente contenía
sólo el nombre de su amado,
y su ser enajenado
sólo a él le entregaba.

Sus pasos, amados pasos,
mensajeros del amor,
cada día tan esperados,
cada día tan ansiados,
cada día tan certeros
hacedores de su dicha.

¿Cómo puede alguien vivo
quedarse como sin vida
y en la espera constante
de los pasos de su amado?
¿Qué será de esta ilusa
que ignora que no habrá modo
de retener a su amante?

Y cuando él ya no vuelva
y sus pasos enmudezcan
¿qué será de esta pobre
sin razón en su existencia?
¿Para qué seguir oyendo
si no está el sonido ansiado
de los pasos de su amado?

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