Miraba extasiado, como desde fuera,
la vida transcurrida, la vida prestada.
Y vino un desfile de ensueños y memorias
y quedó el sello de la experiencia vivida
y la marca indeleble de algún sentimiento
que una vez estuvo y que ya no está.
¡Qué ola de olvidos arrasó mi mente!
Hoy que lo pienso me veo distinto,
como era antaño, como a un extraño,
como fui un día.
Y mientras escribo, en mis pensamientos
voy viendo secuencias de lo que he vivido
y siento dolores que ya he sentido
y siento las penas de los que penaron.
Veo a otros que,como yo, habitan el mundo,
recorren la vida y soportan las cargas
y avanzan renqueando, caminos inhóspitos
rumbos inciertos, trágicos destinos.
Momentos difusos se vuelven reales
y veo ataúdes, inútiles cajas
que guardan los restos
de lo que habrá sido, de lo no sabido.
Y reina la Muerte sobre mis recuerdos:
Todo acaba, no tiene remedio.
Sólo dura un día
lo que, ilusionados, creemos sea nuestro.
Y me daba cuenta
y por fin veía
y luego pensaba
¡qué efímero era,
mi pensamiento y yo!
Y miro por fin
en estos momentos
¡cuán poco estamos!
¡qué breve es todo!
Cuán grande es la nada
y grande el desierto
de lo que creímos
haya sido sido nuestro.
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