domingo, 15 de junio de 2014

Limpieza y desapego



No te imaginas cuántas cosas "he arrojado" de mí. 
Afortunadamente, el hecho de saber que  
ya no se es dueño del mundo, 
hace que inclines la cabeza, obediente, 
y camines sigiloso, con cautela,
y no llames la atención de los dioses, 
para que éstos no te miren 
y te fulminen con otro destino peor.

Si te vieran orgulloso y aguerrido, 
de inmediato tendrías tu penitencia,
que, viniendo de los dioses,
no es poca, ni  fácil de acatar.
Así que a caminar con cuidado
que el destino implacable te vigila
esperando el descarrío, 
para enviar la corrección.

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