miércoles, 11 de junio de 2014

Si supieras...



Si supieras, ¡ah!, si supieras 
lo que siento, y entendieras.
Si supieras que mi alma está muy seca
y que mi corazón por ella se inquieta.

Si supieras, amigo mío, si supieras,
que en mi vida ya no caben decepciones,
que los sueños sólo hablan de  pasado
y que mis ojos carecen de paisajes.

Si supieras que mis tardes son pantanos
que atravieso, que sus lentas horas me envuelven
en mantas pringosas de tristeza,
y me invade esa enorme soledad humana.

Si supieras, amigo mío, si supieras,
qué bien me hace tu afecto,
tu mirada, tu voz y tu presencia;
tu lealtad, y tu  inquietud, por mí causada.

¡Si supieras lo que siento!
Mas no te pido nada; menos aún sé yo
de tu interioridad y no te quejas.
Y continuamos, sin siquiera conocernos, 
siendo amigos.

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