sábado, 3 de enero de 2015

Brindis para mi amiga


Este año que ha pasado ha sido harto difícil.
Afortunadamente ya es pretérito 
y hemos salido airosas del mismo, 
maltrecha yo tal vez, averiada también, 
pero aquí estamos, 
no sé bien si para mejor o para peor.
El espumante sigue siendo un modo válido 
de destapar algunas cosas, ¡brindemos, pues!
Y es bueno que sigamos por este camino.

Hoy, porque es hoy lo que vale, 
veo cuánto hay para aprender.
Tus cosas y las mías y sumadas a ellas, 
las de los que amamos, 
parecen agobiarnos, 
pero invariablemente levantamos vuelo 
y seguimos como podemos, 
el camino que la vida 
nos pone por delante.

Muchos sucesos adornan o afean nuestras vidas, 
pero luego de vivirlos como hemos podido, 
emergemos de ellos como mejor podemos.
Ambas somos luchadoras. 
Parece, a veces, que somos invencibles.
Escondemos nuestras heridas 
y nos lamemos a solas. 
O en todo caso, una frente a la otra.

¿Qué hados espaciales han querido unirnos? 
No lo sé, pero estoy agradecida de que así haya sido.
¡Qué buenos tiempos hemos vivido!
Nuestro camino juntas viene de largo, 
y es de esperar que crezca y se ennoblezca. 
Que nuestra vejez traiga más sabiduría, 
que sepamos acompañarnos 
en los tiempos nada sencillos que se ciernen 
sobre los cuerpos aún más frágiles.

Que sigamos alegrándonos de estar juntas.
Que sigamos compartiendo lo bueno y lo no tan bueno.
Que sigamos sintiéndonos comprendidas 
la una por la otra.
Nada se compara a sentir que tenemos una amiga 
que sabe ver en el alma.
Tener la certeza de que entre nosotras 
no hay simulación, que todo es transparente 
y que nos queremos tal cual somos.

Cuánto me alegra que sigas a mi lado.
Compañera de mi vida, y yo compañera de la tuya.
Piensa que nada ni nadie ha logrado separarnos.
Brindemos otra vez por este tesoro 
que hemos recibido de regalo. 
Que rebase para todos los que amamos.

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