Este año que ha pasado ha sido harto difícil.
Afortunadamente
ya es pretérito
y hemos salido airosas del mismo,
maltrecha yo tal vez,
averiada también,
pero aquí estamos,
no sé bien si para mejor o para
peor.
El espumante sigue siendo un modo válido
de destapar algunas cosas, ¡brindemos, pues!
Y es bueno que sigamos por este camino.
veo cuánto hay para aprender.
Tus
cosas y las mías y sumadas a ellas,
las de los que amamos,
parecen agobiarnos,
pero
invariablemente levantamos vuelo
y seguimos como podemos,
el camino que la vida
nos pone por delante.
pero luego de vivirlos como hemos podido,
emergemos de ellos como mejor podemos.
Ambas
somos luchadoras.
Parece, a veces, que somos invencibles.
Escondemos
nuestras heridas
y nos lamemos a solas.
O en todo caso, una frente a la
otra.
No lo sé, pero estoy agradecida de que así haya sido.
¡Qué buenos tiempos hemos vivido!
y es de esperar que crezca y
se ennoblezca.
Que nuestra vejez traiga más sabiduría,
que sepamos
acompañarnos
en los tiempos nada sencillos que se ciernen
sobre los
cuerpos aún más frágiles.
la una por la otra.
Nada se compara a sentir que tenemos una amiga
que sabe ver en el alma.
Tener la certeza de que entre nosotras
no hay simulación, que todo es transparente
y que nos queremos tal cual somos.
que hemos recibido de regalo.
Que rebase para todos los que amamos.
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