martes, 6 de enero de 2015

Recién ayer


Recién ayer tiré las rosas 
que llevabas en el pelo;
las mantuve vivas a fuerza 
de amor y de cuidado. 
Como tú, ¡eran hermosas!

Recién ayer tiré las rosas:
eran el último recuerdo
de tu aroma, pues siempre
olías a rosas y ellas eran
tu atuendo preferido.

Recién ayer tiré las rosas,
con ellas me despedí
de tu presencia;
ellas se marchitaron,
tú te fuiste plena en tu hermosura.

Recién ayer tiré las rosas,
y pensaba si es verdad
que todo acaba y se marchita,
que, como las rosas,
lo bello siempre es tan breve.

Recién ayer tiré las rosas
que adornaban tu cabeza,
que acompañaron
nuestra última velada,
que quedaron en mis manos desoladas.

Las tiré, como si fueran 
mi  tesoro más preciado,
del cual con dolor me desprendía.
Y entendí sin saber cómo,
¡ya jamás en mis brazos estarías!

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