domingo, 28 de agosto de 2016
La tristeza
Esa densa emoción
que nos invade,
inunda y ahoga: La tristeza
¿Por qué llega y se instala
en nuestro día y a veces,
perdura? ¿Cuál es la real causa?
Todo nuestro ser se resiente;
sentimos agotada el alma
y deshecho el cuerpo, como
destrozado; jirones de vida
casi visibles, como si un
gigante hubiese desparramado
de un manotazo, las piezas que
componen el rompecabezas
que somos.
Nos arrastramos esos días
No caminamos, y por momentos,
quedamos inmóviles, paralizados.
Gran insastisfacción, desagrado
y hartazgo.
Todo pasa a nuestro lado
y nos deja indiferentes o
enojados, peor aún, aumenta
la tristeza que ya nos habitaba.
Ansiamos dulzura porque todo
es amargura, y cuando nos roza
la compasión, no nos consuela,
entonces lloramos, interminablemente.
Afortunadamente, estos días pasan,
como todos los demás
y como la vida misma.
Luego, ya repuestos, nos
preguntaremos qué habrá sido
aquello que tanto ha dolido
y ni siquiera lo recordaremos,
ocupados de nuevo en el diario
desafío de vivir.
martes, 23 de agosto de 2016
Siluetas y sombras, luz y penumbras
El ocaso de la vida
debiera parecerse al ocaso diario:
Ese crepúsculo piadoso
en el que las formas
se tornan difusas
y las imperfecciones se desvanecen,
embellecido todo por la nube dorada,
del sol en retirada.
La última hora del día
despide lo que existe
con gran delicadeza
y a medida que la noche avanza
desaparece el día en bella retirada.
Si fuere posible, suavizar nuestras
pasiones a la luz del propio ocaso,
entonces esa despedida sería perfecta.
Nos retiraríamos, silenciosos, hermosos,
aterciopelados...
Y los que nos vieran partir,
¡ah!, aquellos que nos despidieran,
lo harían con la gracia misma de
nuestra despedida.
¿Sería acaso el ocaso de la vida
una pobre imitación del diario
ocaso del luminoso astro?
Si esa fuera la escena de la muerte,
y si fuéremos de tal modo embellecidos,
con delicado estilo este mundo dejaríamos,
acompañados de miradas amorosas
y rostros hermoseados por tal luz.
debiera parecerse al ocaso diario:
Ese crepúsculo piadoso
en el que las formas
se tornan difusas
y las imperfecciones se desvanecen,
embellecido todo por la nube dorada,
del sol en retirada.
La última hora del día
despide lo que existe
con gran delicadeza
y a medida que la noche avanza
desaparece el día en bella retirada.
Si fuere posible, suavizar nuestras
pasiones a la luz del propio ocaso,
entonces esa despedida sería perfecta.
Nos retiraríamos, silenciosos, hermosos,
aterciopelados...
Y los que nos vieran partir,
¡ah!, aquellos que nos despidieran,
lo harían con la gracia misma de
nuestra despedida.
¿Sería acaso el ocaso de la vida
una pobre imitación del diario
ocaso del luminoso astro?
Si esa fuera la escena de la muerte,
y si fuéremos de tal modo embellecidos,
con delicado estilo este mundo dejaríamos,
acompañados de miradas amorosas
y rostros hermoseados por tal luz.
domingo, 21 de agosto de 2016
Un día especial
Afanosamente atareada cada día
en especial si por dentro está la causa
del afán de bregar en lo exterior.
Estoy feliz, ocupada, inquieta, incansable;
tomando la vida como viene,
con mucho respeto, cuidado y amor.
Estoy contenta. Atenta. Observando todo.
Qué sucede conmigo cuando alguien
hace algo que orbite cerca de mi órbita.
Cuidando de mi día y del de otro,
en lo que puedo y veo.
Estoy ejercitando mi paciencia
para crecer en comprensión
y adquirir más claridad.
¿Te parece pretencioso? Pues lo es.
Cualquier proyecto de mejora
que un humano emprenda para ello, lo es.
Y tal vez, se verán los resultados. ¿Quién sabe?
No los veré yo, sino los otros.
Mientras, más tareas van surgiendo,
interminablemente en esta enorme casa
que es el mundo en que habitamos.
Voy pensando, decantando,
y sobre todo, observo
todo el tiempo mi conducta.
Pienso que mi afán de ordenarme
la vida y cambiar la forma en que vivo,
responden a una necesidad interna,
del alma, de su conexión con el Universo
Espero, a veces en calma, a veces no tanto,
que los frutos en mí sean tan notorios
como los que veo a mi alrededor.
Me consideraría muy afortunada
y bendita si así fuera.
Contemplo los cambios
y el entusiasmo me desborda.
Cada día es especial, y esto
se dice con frecuencia,
pero qué distancia hay
entre recitarlo y sentirlo de verdad
con tanta intensidad.
viernes, 12 de agosto de 2016
Disfrutar la vida
¿Sabes qué creo?,
que la muerte es un buen precio
que se paga con justicia por haber vivido.
Y que de no haber vivido en plenitud,
no habrá sido sino por necedad,
por cobardía o por tibieza
o por alguna otra causa,
de la cual cada uno se hará cargo.
A todos ofrece la vida,
cada día, la opción de vivir con amor,
amor que hace de la vida un constante
y bellísimo palpitar.
Beber una copa de buen vino rojo,
estrechar un cuerpo cercano y amado.
Besar la suave y cálida piel de tu hijo.
Envolver su frágil cuerpo, cuidar de él.
Placeres sencillos, ansiados,
necesarios, y no por simples o habituales,
menos gloriosos y deleitables.
Amar a escondidas
Buscar a lo lejos
Perdernos a veces
Volver a lo mismo
Escuchar palabras
Oír los silencios
Decir ciertas cosas
Y otras callar
Sacudirse y andar
Caminar con tristeza
Alzar la mirada,
Sonreír de nuevo.
Renovar deseos
Momentos brillantes
Otros tenebrosos.
La luz aparece por las mañanas,
semeja una red de
pura plata refulgente.
Al terminar el día,
la brisa suave de la noches
refresca los ardores del día
y la oscuridad es cómplice
y reposo.
A veces, también se ansía la muerte;
dejar todo y nada buscar
y en calma, quedar tan inmóvil,
en semejanza a yacer para siempre,
atisbando cómo habrá de "vivirse"
la muerte, el cuerpo inerte entregado a su fin.
Es tan grande la vida, su valor,
tan poco entendido su transcurrir,
que se vuelve muy arduo hablar sobre ella
sin yerros necios, y con ella ser injustos
en vanos y atrevidos juicios.
Es mejor disfrutar y vivir
cada día por única y última vez.
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