domingo, 21 de agosto de 2016

Un día especial



Afanosamente atareada cada día
en especial si por dentro está la causa 
del afán de bregar en lo exterior.
Estoy feliz, ocupada, inquieta, incansable;
tomando la vida como viene, 
con mucho respeto, cuidado y amor. 

Estoy contenta. Atenta. Observando todo. 
Qué sucede conmigo cuando alguien 
hace algo que orbite cerca de mi órbita. 
Cuidando de mi día y del de otro, 
en lo que puedo y veo.

Estoy ejercitando mi paciencia
para crecer en comprensión 
y adquirir más claridad.
 ¿Te parece pretencioso? Pues lo es. 
Cualquier proyecto de mejora 
que un humano emprenda para ello, lo es. 

Y tal vez, se verán los resultados. ¿Quién sabe?
No los veré yo, sino los otros.
Mientras, más tareas van surgiendo, 
interminablemente en esta enorme casa 
que es el mundo en que habitamos.

Voy pensando, decantando,

y sobre todo, observo 
todo el tiempo mi conducta. 
Pienso que mi afán de ordenarme
la vida y cambiar la forma en que vivo, 
responden a una necesidad interna,
del alma, de su conexión con el Universo

Espero, a veces en calma, a veces no tanto, 
que los frutos en mí sean tan notorios 
como los que veo a mi alrededor.
Me consideraría muy afortunada
 y bendita si así fuera.
Contemplo los cambios
y el entusiasmo me desborda.

Cada día es especial, y esto

se dice con frecuencia,
pero qué distancia hay
entre recitarlo y sentirlo de verdad
con tanta intensidad.

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