viernes, 12 de agosto de 2016
Disfrutar la vida
¿Sabes qué creo?,
que la muerte es un buen precio
que se paga con justicia por haber vivido.
Y que de no haber vivido en plenitud,
no habrá sido sino por necedad,
por cobardía o por tibieza
o por alguna otra causa,
de la cual cada uno se hará cargo.
A todos ofrece la vida,
cada día, la opción de vivir con amor,
amor que hace de la vida un constante
y bellísimo palpitar.
Beber una copa de buen vino rojo,
estrechar un cuerpo cercano y amado.
Besar la suave y cálida piel de tu hijo.
Envolver su frágil cuerpo, cuidar de él.
Placeres sencillos, ansiados,
necesarios, y no por simples o habituales,
menos gloriosos y deleitables.
Amar a escondidas
Buscar a lo lejos
Perdernos a veces
Volver a lo mismo
Escuchar palabras
Oír los silencios
Decir ciertas cosas
Y otras callar
Sacudirse y andar
Caminar con tristeza
Alzar la mirada,
Sonreír de nuevo.
Renovar deseos
Momentos brillantes
Otros tenebrosos.
La luz aparece por las mañanas,
semeja una red de
pura plata refulgente.
Al terminar el día,
la brisa suave de la noches
refresca los ardores del día
y la oscuridad es cómplice
y reposo.
A veces, también se ansía la muerte;
dejar todo y nada buscar
y en calma, quedar tan inmóvil,
en semejanza a yacer para siempre,
atisbando cómo habrá de "vivirse"
la muerte, el cuerpo inerte entregado a su fin.
Es tan grande la vida, su valor,
tan poco entendido su transcurrir,
que se vuelve muy arduo hablar sobre ella
sin yerros necios, y con ella ser injustos
en vanos y atrevidos juicios.
Es mejor disfrutar y vivir
cada día por única y última vez.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario