jueves, 15 de diciembre de 2016

Liberación


Liberación buscada, anhelada, invocada
Sin amargura, con paciencia y dulzura
Héroe tierno que en mis brazos expiraste
y que pronto de estos sitios te alejaste,
sin mirar atrás, convencido  del final
que tú planeaste, por saber que tu camino
acababa en este tiempo.

No fue violento tu impulso;
sólo dejaste que  de ti el aliento
se alejara y que tu último suspiro
te habitara, exhalado en un murmullo
sin palabras...

Tus ojos sin reclamo, sin deuda tu mirada:
nada esperaste en la vida,
¿por qué habrías de esperar algo en tu
partida?
Tus manos suaves, delicadas,
con los dedos entrelazados,
en silencio, mientras una caricia pura
llegaba, y te confortaba, ¿o confortaba
a quien la prodigaba?

Tu cabeza mansa, ojos entrecerrados,
recibía el paso de la mano que se cerraba
en tu pelo, pasaba detrás de tus orejas,
volvía por tu frente y circundaba tus ojos
y todo terminaba en interminables, leves
y suaves besos incesantes.
Dejabas hacer, con paciencia
por quien desesperaba,
porque tú, tú rebosabas paz.

Te escurriste de los abrazos 
y las vidas que te rodeaban,
te necesitaban, y te amaban.
Todos recibieron mensajes eternos
de tu boca y tu presencia.
Aprender de ellos es la tarea
pendiente; fructificar lo escuchado
y visto de ti y de tu paso por las vidas
de todos los que tuvieron la dicha
de estar a tu lado.   

Tu liberación marca una ruta
por la que todos quisieran marchar
por serena, entendida, aceptada;
deseada por hermosa y promisoria
de eterno bienestar.
Te liberaste pronto y fuiste sabio;
aprendiste pronto y era tu hora;
quizá siempre supiste de esta brevedad
y por eso vivías calmo.   

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