sábado, 10 de diciembre de 2016

Tiempos extraños


Tiempos extraños, desconocidos,
días lentos, grises,
inexplicablemente bellos
a veces.
Estados opuestos;
deseos y desidia,
amor desesperado,
esperanzado, despojado,
añorado, roto, constante,
ardiente, doloroso, feliz,
total confusión, entumecimiento
y exacerbación.

Tiempos extraños,
días pesados, interminables,
vertiginosos, vacíos;
repletos de pena
o de dulce alegría.
Luz del amanecer,
penumbras, dentro y fuera;
puños apretados, brazos sin abrazo,
caricias sin piel,
palabras sin oídos,
silencio a gritos,
palidez y rubor;
todo transcurre imparable,
la vida se escurre,
se queda, se espesa,
se aliviana, desaparece
de a poco o de pronto.

Tiempos extraños,
sin respuesta,
sin pausa,
a su modo,
a nuestro pesar.
Todas las horas del día
sintiendo el tiempo pasar,
inertes, inopes, indefensos;
¿de qué defenderse?
Si jamás se sabe 
qué  habrá que esperar.

Tiempos extraños,
inesperados, imposibles,
¡tan insoportables!
Sin embargo, el cuerpo resiste y sigue, 
inmerso en la horadante pena,
sin saber cómo, y menos aún, para qué.
En la tarde, crece la nostalgia,
cae la noche, sube el dolor,
y espera entre sueños, al alba, 
que llegue con la buena nueva:
que todo ha pasado y todo estará bien.
Imposible ilusión.

Tiempos extraños,
espera lenta, tortura de ser;
pesar de saber que todo
lo que ha sido ya no lo es.
Tiempos, sin la amada presencia,
han de llegar, será entonces tan grande,
enorme, la presencia indudable
de su ausencia tenaz,
y vendrán nuevas formas
de aprender a vivir
a un lado y a otro del diario penar.

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