jueves, 22 de diciembre de 2016
Otra mañana
El día claro, transparente,
indiferente, compasivo,
apacible, fresco, suavemente fresco.
La caricia de la brisa, única,
leve, prudente, tímida,
hamaca las hojas suavemente.
El día nuevo, no sabe de dolor,
trae su primicia y su promesa,
espera mi vuelta a la vida.
Un poema lorquiano me acompaña
y se encarna en mi ser;
lo bebo con mis ojos y ahora entiendo.
Es el mismísimo poema que elegiste
y a través de sus versos te oigo hablar
de la hondura de tu soledad.
Y otra vez, también yo estoy solo,
como tú estabas y sentías.
Este mundo te dejó sediento.
Sed de pensamientos, sed de seres
que comprendan, sed inagotable
de lo eterno.
La mañana espera que vuelva a vivir;
yo no sé siquiera si estoy vivo,
sólo mi carne dolida lo parece.
Mañana bella, ajena a mi ser,
afortunadamente ajena;
de ese modo, continúa tu belleza.
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