Quiero decir cómo se siente
la pena cuando los amigos desaparecen
de nuestras vidas, por su causa.
Soledad, vergüenza, humillación,
desconcierto, intriga, desolación,
todo se agrega a la pena padecida.
Inexplicable sensación
de abandono injustificado:
¿el dolor los ha alejado? ¿O he sido yo?
A veces creo que es el miedo de sufrir
las mismas cosas por las mismas causas,
por ser humanos, lo que los aleja.
Parece que una enfermedad contagiosa
se hubiera apoderado de mi vida
y me volviera intocable.
Hay, es verdad, consuelo en algunas personas
fieles, constantes, amorosas y dulces,
discretas y delicadas. Esas permanecen.
Los días y las promesas se van; no el dolor.
Hubo quien dijo que jamás me abandonaría:
ese fue uno de los que no han vuelto.
¿Es temida la verdad del dolor?
¿Soy temido por padecer?
¿Dónde están quienes parecían amigos?
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