jueves, 23 de agosto de 2018

Allí la encontré

Era muy niño
aquella vez, entonces la encontré.
Ella era anciana,
de gran tamaño y larga vejez.
Yo, estaba extraviado,
(y lo sigo estando desde aquella vez)
Aquel día, ella, inmutable,
me sostuvo firme y me protegió.
Mis manos pequeñas
a ella se aferraron y allí me quedé.
Sentía en mi espina
su pétrea firmeza, y en ella confié.

Pasó mucho tiempo;
me sabía perdido, pero me encontraba
en ese lugar que se sabe propio.
Sereno y seguro decidí esperar,
alguien, en breve, me podría hallar. 
Le daba mi espalda, yo confiaba en ella,
nunca antes tan confiado estuve:
Ella era mi piedra, le pertenecía,
eso lo supe desde aquella vez. 

También he sabido
que es preciso hallar ese rumbo nuevo
que me ha de llevar a ese lugar, 
donde me he sentido como en mi hogar,
donde pertenezco, donde debo estar,
donde he sabido  de dónde he venido
y hacia donde voy.

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