lunes, 27 de agosto de 2018
Minimizado
Fue fugaz la visión de mí mismo:
allí estaba, de espaldas, parado,
escondido;
un caldero repleto de flores,
tapaba mi ser, tapaba mi todo,
nada era, y así se sentía.
Contemplaba aquella figura,
diminuta, cuyo cuerpo
semejaba el de un niño,
siendo yo, como ahora soy,
un adulto,
quien en ese cuerpo habitaba.
Era cruel la certeza
y estaba a la vista:
debía esconderme,
hacerme pequeño,
buscar un lugar
que me ocultara.
La penumbra que allí
me rodeaba, hacía la escena
aún más dolorosa y más vergonzante;
humillado, mirando al suelo,
buscaba la forma, porque no lo era,
de no ser de ninguna manera.
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