domingo, 12 de agosto de 2018
Olas
Arrasan mis costas,
arenas revueltas,
vaivenes violentos,
tormentas heladas,
lluvias y granizo,
golpean y estallan,
furiosas, rebeldes,
vienen y se van
una y otra vez.
Son parte del mar,
como si ellas fueran
soldados del agua
que hacen la guerra,
que empuñan las armas,
que destruyen todo,
que asuelan las costas,
que todo revuelven,
que en un instante
todo lo transforman.
Castillo y refugio,
en mi alto alcázar,
allí en mi montaña
creía tener; ¿a qué he venido?
Miro hacia lo lejos,
pretendo alcanzar
ese sol radiante, ahora lejano,
esa calma rasa desaparecida en este agitar.
Se desata en mí, como inevitable,
otra tempestad que levanta oleaje,
el violento oleaje de mis emociones.
Las olas irrumpen,
todo lo bañan,
inundan rincones
ya sin protección,
rotas las barreras
de la contención,
otra vez arrasan
y de nuevo nace
en mí esa furia
que quiero evitar.
Olas que arrebatan
la paz obtenida
revueltas, violentas,
presentan batalla
y no quiero guerrear
con ninguna más;
mi vida termina,
quiero irme en paz.
Ahí vuelven las olas,
en mi orilla estallan,
trato de alejarme,
me pregunto, incrédulo,
por qué he venido,
la montaña espera,
ese es mi lugar.
Giro y me retiro,
el ruido se apaga,
allí la diviso,
allí he de estar.
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