viernes, 6 de noviembre de 2020

Cuerpos quietos, espíritus inquietos

Los cuerpos quietos,

prisioneros obligados

impedidos, detenidos,

asustados, perdidos

en sus propios miedos,

en sus propias brumas,

adoloridos, atribulados.

 

Desunidos, impedidos,

tristemente deprimidos;

practicando la obediencia

a órdenes desconocidas

y mandatos alocados.

 

Rostros ocultos, brazos caídos

pasos temerosos,

rumbos inciertos,

mentiras frecuentes;

total confusión

trastorna las mentes.

 

En tanta parálisis

el espíritu inquieto

se torna mayor;

alumbra tinieblas,

sin razonamientos,

libre como el viento,

radiante como el sol.

 

Toma revancha:

al fin a sus anchas

tiene amplitud,

gran abundancia.

La luz refulgente

trasciende los cuerpos

de esa inmóvil gente

que ignora Su Obra,

cambiando sin saber

que, Inmóvil por fuera

se mueve por dentro

con tal magnitud

como nunca ha tenido.

 

Es que el Espíritu

No es prisionero

Jamás está quieto

Nunca desunido

Eterno y Sabio

Siempre libre

Siempre sano;

Siempre íntegro,

a pesar de todo

sigue siendo Él.

Sólo se mueve

Para crecer.

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