Haber escuchado tu voz
que se introdujo en mí
en una serie de bellísimas
vibraciones emotivas y
conmovedoras,
ha hecho que me haya sentido
completo
en cada uno de los instantes
en que me has acompañado
con ese sonido intenso,
lleno de significados y
connotaciones, sentimientos
que se han visto arrebatados
de su aletargamiento,
sorprendidos en el medio
de un hondo pozo
al que habían sido arrojados
sin más,
creyendo, con esta acción,
haber terminado su efecto y
hechura en mi vida,
en cada uno de sus días.
Tú eres canal de los
más preciados mensajes,
me haces salir de mi
inveterada tristeza,
del lugar de mi exilio,
de tantas experiencias
en las que siempre he sido
un actor de segunda,
un extra,
un invitado de piedra,
una intromisión,
una necesidad;
alguien a quien se le dio
participación
ya que hacía falta
un personaje más,
completar así la escena.
Como en toda obra
donde muchos participan,
así en la vida suceden
conflictos irremediables
dolorosos, intrincados,
desconocido el guión,
actuando llenos de dudas,
hasta que un telón piadoso
se derrama sobre todo y
llega el final;
a veces, será comedia
y otras tantas, tragedia,
finales inevitables
hasta otra vez tornar
a la escena de la vida.
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