¿Cómo alguien puede amar a alguien con quien no ha estuvo jamás?
¿Cómo puede alguien saber que ama, sin saber a quién?
¿Qué misterio inextricable anida en mi alma
que de modo tan dulce me hace sentir?
He salido a caminar, para ver si te borraba,
a ver caras, seres, personas reales, vivas, concretas
y todos mis pasos estuvieron acompañados por ti.
Todos pasaban a mi lado, pero ellos no estaban, sólo tú...
Leí acerca de experiencias muy distintas, y estaba asombrada,
pero este largo paseo literario también lo hacía contigo y me asombrabas más.
¿Qué hizo a esta presencia tan tangible e inseparable de mi existencia?
¿Acabará mi vida antes de que esté contigo alguna vez? ¿Quién eres?
Me imagino, junto a ti, pegada a ti, abrazada por ti, envuelta en tu olor
y sintiendo tu pìel como parte de la mía.
Una vez, sueño... Y luego, sólo eso pido.
Sería como acceder a una dosis de gloria divina, beber de su ambrosía,
regalada a una pobre ilusa, juguete de esos dioses.
O tal vez beberé del nepente que también los
dioses nos conceden, piadosamente, a los mortales para librarnos de la tortura del
pensamiento lacerante.
Mi cuerpo te llama, sabiendo a quién llama. ¿Por qué?
¿Cómo puedo sentir así, si no te he visto ni tocado antes? Pienso, pienso...
Amor llegado de tal forma misteriosa, me inquieta
me obsesiona, me fascina, me deleita, ¿por qué?
Simplemente
no hallo la respuesta. ¿Quién la tiene?
Y cada vez estoy más felizmente sumergida en esta dulcísima experiencia,
transformada en otra, surgida de este amor, renacida en él.
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