En qué fuente peregrina mi corazón abreva, pues la poesía en él encuentra asiento amplio, y en él se explaya.
¡Cuántos autores tan talentosos, me brindan su arte!
Hasta hoy nos regalan sus excelsas obras,
en palabras divinas que no se agotan,
y que algún benigno dios dictó a sus almas, a sus manos.
Benditos aquellos que siendo elegidos
recibieron abundantes dones, y de ellos cosecharon.
Dones magistralmente cultivados para inagotable placer de los que, como yo, con ellos por siempre gozan y gozaron
la pluma generosa que encauza los sabores del alma
de quien los lee y deja que lleguen al encuentro infinito
de los espacios antes intocados.
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