martes, 29 de octubre de 2013

Las angustias y el cuerpo



¿Qué es eso, amigo mío, de andar dejándole al cuerpecito 
cargar con los padeceres del alma, 
que, siendo mucho más fuerte, 
es capaz de soportar los más crueles embates 
de esta vida brava? 

En cambio, el pobre cuerpo, 
al poco andar, se declara vencido 
y ya no hace otra cosa 
que ser envoltura de esa alma tan dolorida, 
y mal tolera dolores hondos, y ya se quiebra, ya se enferma.

¡Angustias!, ¡Angustias!, lastimando desde dentro 
y muy profundo, ¡y son tan invencibles cuando emergen! 
Tan definidas a veces... tan difusas tantas otras, 
¡dolorosas todas ellas!
Y todo se lacera, aunque no se vean las llagas.

¿Yacen "allí", muy dentro y desde allí ascienden?
Toman posesión de nuestra pobre carne y se enseñorean,
abrumando cada milímetro del atormentado
inndefenso ante al avance implacable de su invasión,
y se vuelven tan tangibles como la misma carne.

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