miércoles, 2 de octubre de 2013

Ruego tardío






¡No te vayas!, dijiste.
Era un ruego tu mirada, toda ella, en sí misma.
Tus ojos me seguían,  y tu rostro era un vacío.
Tu desconsuelo se pegó a mi espalda
Y por mi espina tu llanto corría.

¡No te vayas!, dijiste.
Y tus brazos vacíos querían retenerme
Y tus manos se extendieron
Desesperadamente.
Se iban conmigo, te quedabas sin ellas.

¡No te vayas!, dijiste.
Pero ya era tarde.
¿Por qué no lo gritaste
antes de mi olvido?, dije.

Yo confundí tu silencio;
Para mí, era indiferencia.

Tú, pensabas que nada faltaba
Y que todo estaba dicho.


Ahora, ¡ahora ya es tarde!

No hay comentarios:

Publicar un comentario