de noche, junto a la ventana,
escuchaba con deleite,
en mi oído interior,
las palabras de amor
que otrora me decías.
Hilvanando pensamientos
recordé que no escuchaba,
y, orgullosa en mi belleza
tus halagos despreciaba
sin prestarte atención.
Ya no tendré tus palabras;
tus huesos no hablarán
la tumba te oculta, oscura
y sólo ecos de tu dichos
mi oído escuchará.
Hoy bendigo tu presencia
azorada ante tu ausencia
y mi interior te repite
y te calca y te imagina,
y tu voz se hace grande como sinfonía coral.
No comprendo mi sordera,
tal vez fue mi juventud
que creí inmarcesible.
Hoy que miro sin los ojos,
veo dentro el corazón.
Aunque tarde y sin ti
hoy soy feliz con tu amor.
He decidido vivirlo
ahora que sé la verdad:
en la vida nada es siempre,
y en tu presente has de estar.
Hermoso!!! La inmensidad del tiempo y la experiencia combinadas con sabiduría, gracias!!!
ResponderEliminar