lunes, 16 de octubre de 2017

Ilusiones, decepciones


Cada vez que tengo una ilusión 
a color, llega el huracán de la
decepción y arrasa cada traza
de ese arco iris ilusiorio.

No entiendo, y jamás
entenderé, por qué vuelvo a
ilusionarme con las mismas
cosas, las misma personas,
las mismas promesas, 
los mismos proyectos,
siendo éstos tan semejantes,
en iguales circunstancias,
teniendo el pensamiento,
constante y comprobable realidad. 

¿Es la ilusión necesaria?
¿Es, tal vez, inevitable?
¿Qué es alguien que se ilusiona?
Es tan burdo el resultado;
todo tiene igual sabor:
amargura y dolor y,
a indeleble gota de rencor
que envenena lentamente
hasta matar todo amor.

La tiniebla de la decepción
cubre todo color de ilusión;
todo lo ensombrece, todo lo oculta,
sólo queda el lacerante dolor
de haber sido una vez más
el objeto del engaño,
el títere de un timador,
el vapuleado creyente,
ingenuo, cándido, expectante;
presa fácil del estafador.

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