sábado, 9 de junio de 2018
Momento de seducción
El cuerpo encantador despedía
un olor similar a la ambrosía;
estaba untado con fino aceite,
suave y oloroso
que al moverse la mujer,
su fragancia difundió
e hiriendo el olfato del joven,
le colmó de sensaciones.
Ella compuso sus cabellos lustrosos, bellos
adornos rizados que rodeaban su cabeza
llena de majestad, con ese ademán tan femenino,
y tan indiferente, como si su efecto ignorara.
El amor, el deseo, las frases, en un lenguaje
seductor que hacía perder el juicio;
todo ello hizo que se sintiera embriagado.
Ella era comparable a la Noche,
que a todos vence,
pues a su influjo
nadie puede resistirse y
en su oscuridad
todos se funden, se ocultan
y también se revelan.
Parecía estar envuelta
en dorada niebla,
en la cual se vieran
brillantes gotas perfumadas.
Veloz, el pensamiento del hombre
rebuscó en su reflexivo ser,
y revisó en su mente muchas cosas,
volvió hasta su mismo origen
en rápido vértigo, alertado,
y en su instinto avezado,
él se supo en abismal peligro,
seducido y débil,
para siempre atrapado.
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