Parafraseando al poeta sabio
digo, la vejez podría traer
horas de vida mejor;
el bruto que hay en el hombre
casi se halla muerto, y agrego:
sus fuerzas y sus arrestos
se los ha llevado el tiempo.
Queda el hombre a solas
consigo mismo
y comienza el desandar mental
por caminos idos,
mientras se va transitando
por sendas desconocidas
de declives ignorados y lentos.
Ya no queda nada, (o casi nada),
de aquella juventud indómita
y la futilidad de lo actuado
para "dominar el mundo,"
algo que jamás se habrá conseguido
a pesar de haber creído
que ya lo tenía en sus manos.
Ha llegado el momento de
calzarse esos anteojos
que son para ver muy dentro
y no seguir curioseando
lo que se ve allí fuera,
de lo que se ha observado poco
y mucho se ha confundido,
con terribles resultados.
Para algún saber importante
la vida se habrá conservado,
entonces, se reflexiona
y se examinan los hechos.
Como ha dicho otro poeta:
"el necio conoce el mal,
cuando éste ha llegado",
y agrego: lo que ya no tiene arreglo,
sólo queda revisarlo.
Muchas horas contemplando
los muchos desaguisados;
los impulsos ya gastados,
los amores frustrados,
las guerras perdidas
y las batallas ganadas.
Los ojos ven hacia dentro,
al fin ha llegado la calma
que la vejez ha traído.
¡Suerte que se pueda ver
con anteojos tan distintos!
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