viernes, 22 de junio de 2018

Vejez y ¿calma?


Parafraseando al poeta sabio
digo, la vejez podría traer
horas de vida mejor;
el bruto que hay en el hombre

casi se halla muerto, y agrego:
sus fuerzas y sus arrestos
se los ha llevado el tiempo.

Queda el hombre a solas

consigo mismo 
y comienza el desandar mental 
por caminos idos,
mientras se va transitando
por sendas desconocidas
de declives ignorados y lentos.

Ya no queda nada, (o casi nada),
de aquella juventud indómita
y la futilidad de lo actuado
para "dominar el mundo,"
algo que jamás se habrá conseguido 
a pesar de haber creído 
que ya lo tenía en sus  manos. 

Ha llegado el momento de
calzarse esos anteojos
que son para ver muy dentro
y no seguir curioseando
lo que se ve allí fuera,
de lo que se ha observado poco
y mucho se ha confundido,
con terribles resultados. 

Para algún saber importante
la vida se habrá conservado,
entonces, se reflexiona
y se examinan los hechos.
Como ha dicho otro poeta:
"el necio conoce el mal,
cuando éste ha llegado",
y agrego: lo que ya no tiene arreglo,
sólo queda revisarlo.

Muchas horas contemplando
los muchos desaguisados;
los impulsos ya gastados,
los amores frustrados,
las guerras perdidas
y las batallas ganadas.
Los ojos ven hacia dentro,
al fin ha llegado la calma
que la vejez ha traído.
¡Suerte que se pueda ver
con anteojos tan distintos!

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