Habré visto
la noche pasada
algún hecho
que me llevó a pensar
intensamente
en este día
como algo extraordinario.
Estar de regreso,
despertar, levantarme,
estar vivo.
En mis sueños,
quizás no,
estuve en la orilla del Leteo,
he visto a Caronte,
él, esperando, me
miraba.
He llegado a mi cuerpo
nuevamente
y he sabido:
este día es tan único
como es cada vez,
en mi vida.
Mi corazón responde
aconseja, revisa, reclama, y
desde allí, en cada latir
cuenta el tiempo restante:
advierte, sea éste
muy bien aprovechado.
Despierto, no he saltado
de mi
lecho, demorado,
he esperado a que llegara
mi
alma; ella, yo lo sé,
junto a Caronte, estaba,
escuchando…
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