"En la conversión y en la calma
está la salvación de ustedes;
en la serenidad y la confianza
está su fuerza”. Isaías
Pido permiso, humildemente
Quiero decir lo que siento
Quiero expresar leal y verazmente
aquello que mi alma padece.
Es muy honda la pena:
Haber conocido el amor
el respeto, la bondad
hacia mí antes dirigida
me lleva a distinguir, hoy,
el trato opuesto.
¿Cómo haré para soportar
este inexplicable dolor?
Inesperado, tal vez injusto,
ignoro su causa, la raíz,
cuándo habrá nacido este odio…
Quizás es la respuesta merecida;
habría sido yo el primero en odiar
Luego… la vida, como un río, continúa y,
en su cauce todo lo hecho se acumula,
produce el resultado indeseado, ¡ay!
Qué dolor paga la deuda
Parece tan injusto, inmerecido…
¡Ah!, si pudiéramos saber
acerca del efecto que vendría,
de la revancha que en la vida
llegaría, a su debido tiempo, inevitable.
¿Si así no fuere?
¿Quién podría explicar
cuál es la causa de ese odio,
enconado y persistente
hacia mí manifestado?
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