Esas que, inevitables, te hirieron desde tu niñez,
aquellas, que, indefenso, tuviste que soportar
sin socorro ni esperanza
de alguna vez terminar,
saliendo de ellas triunfal.
Las que, hoy, te siguen atormentando,
cada dìa, en algùn rincòn aguardan
su momento, apareciendo en tì,
dejàndote su amargor
dejàndote herido, una y otra vez
sin poderte defender.
No es lo peor, la llegada de la muerte,
sino tener que esperarla.
Desearla como sumo bien
y no tenerla,
hasta que ella lo decida:
venir y ponerle fin, a esta larga agonía.
No habrás comprendido antes,
ni lo comprenderás ahora,
por qué tanto sufrimiento para terminar igual
Si las penas nos abruman,
como anticipo de muerte,
sin aquella excelsa paz,
entonces por qué penar
por lo que no tiene arreglo?
La vida es una tragedia
en la que cada uno es el héroe
No tiene caso querer
transformarla en tonta comedia
Se vuelve entonces inútil
todo el dolor padecido
y no se obtiene la luz que invariablemente llega,
luego de atravesado el infierno
No hay comentarios:
Publicar un comentario