Una vez, en bello sueño, sueño de amor esperado,
a ese amor se despertaba,
y creía con dulzura, enajenada,
que, al fin el cielo alcanzaba
Pasaron raudos los días,
y las nubes la cubrieron, y se volvió muy sombría,
más, no veía las estrellas, ni tampoco los colores,
los que siempre pinta el sol, a pesar de las tristezas
El infierno de su vida
no tenía ya control; se veía enloquecida,
y cada vez era peor;
y las penas y el dolor, nunca, nunca terminaban
Momento de calma llegó, cuando menos lo esperaba,
y fue ahí que decidió lo que haría con su vida.
El amor no le dejaba, y así lo determinó,
seguir con su vida en paz y por ello decidió, a todo ponerle fin
Determinación tan dura, tan cruel y tan dolorosa,
la que tomó aquel día:
terminó con ese amor,
y acabó también su vida, sin que ella lo supiera
Hasta allí, ella había sido
la que amaba sin reservas, entregada, generosa,
y desde hoy, era ella quien dejaba el corazón
incapaz de un sentimiento: permaneció congelada
Creyendo todo resuelto,
salió a caminar por la vida, creyendo que estaba viva,
pero se había transformado
en una sombra sufriente
Nadie parecía más verla,
nadie miraba sus ojos, porque nadie la notaba,
y en sus ojos no había vida,
pues su alma, allí no estaba
El amor seguía vivo, aunque su amado
no estaba;
ella nunca podría ser
si no era para él.
Parecía viva, y no lo estaba
Parecía feliz; no lo era
Parecía viva, y ¡no lo estaba!
Pues no hay alma sin amor y, tampoco hay vida sin alma...
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