¡Oh! Dulce amada mía, he visto una lágrima
caer de tus ojos y no pude creerlo.
Te pensé tan dura e inaccesible, tan lejana.
¿Qué te ha conmovido que logró una lágrima?
¿Qué caló tan hondo en tu ser de acero?
¿Es que antes no te conocía?
¿Por qué tu tristeza y esta inquietud?
Quisiera ser la causa de tus pesares
pero sé que no cuenta mi ser en tu vida
y que tus caminos no serán los míos
ni jamás lo han sido.
Tu rostro contrito, bien lo he sabido,
no lleva mi nombre en su pena honda
sólo habrás perdido algo que sí amabas
que no era yo, eso es seguro.
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