Mis ojos tristes, anegados en permanentes lágrimas que acuden presurosas
en auxilio pronto para aliviar mi dolorosa pena,
que pesa en mi alma, en mi pecho, y a mi mente toda de pesar la llena.
El dolor es grande y escaso es mi pecho para contenerlo.
Sólo la muerte acabarlo puede, y ésta, la muerte,
muerte que no llega, demorada, esquiva
cuando la llaman, y que vendrá sólo cuando ella disponga.
Mientras tanto, mientras tanto... pesaroso andar, penoso camino, he de transitar, con el dolor al hombro,
con la pena inmensa en la que estoy inmersa,
mi vida es dolor, dolor
eterno, de nunca acabar.
Ya no recuerdo cuándo he nacido,
sé que he nacido envuelta en dolor
En vez de un pecho
me acunó un páramo y sola y helada allí he crecido.
Sigo sola, helada y en sombras; la luz
sólo llega a alumbrar mi llanto.
¿Cuándo ha de acabar?
¿Será al fin la hora
en que he de partir, la hora feliz
de agotar mi sufrir?
conmovedora..
ResponderEliminarrealmente el dolor se puede sentir en esas palabras