Cuando la tierra cubra mi rostro
y se escuche una campana lenta y lejana
que dirá a quien la oiga, que he partido
y este mundo ha dejado de ser mi sitio,
te pido hermosa mía, no me llores
alégrate conmigo de mi salida.
Te he querido tanto y mi amor es tuyo
Y nadie, de tus manos y tu pecho
este amor podrá robar ahora, ya que
muerto, no habrá más mujer hermosa que
me quite de tu lado, sólo la invencible muerte.
No quiero que me llores ni te lamentes,
No he sido nunca como tú lo merecías.
Prefiero que sonrías a que llores
Que muchas veces ya lloraste por mi causa
Y parto arrepentido de los males que te hecho
No llores, vida mía, mi partida, tan sólo ríe,
agradecida de librarte de este vil canalla
que en vida, mil pesares te causó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario