No impida la distancia, la proximidad de nuestras almas, mentes y el misterioso flujo de nuestras vidas.
Que no juegue el cruel destino con nuestro recién nacido y venturoso amor.
Que la esplendorosa llama que nos está quemando siga eternamente ardiendo, aún cuando nosotros ya no estemos.
Que la excelsa belleza de nuestros sentimientos, vertidos en palabras que no alcanzan, permanezca y adorne nuestros días con su resplandor.
Que no termine nunca nuestra portentosa fuerza de sabernos juntos, unidos en el más incomprensible misterio: el amor
Me pregunto qué capricho de los dioses ha querido hacernos esto, y me pregunto, temblorosa, a qué nos conducirá.
Hoy, cuando he leído tu dulcísima carta, la tristeza me embargaba, y tus palabras disiparon toda nube de mi ánimo, y una sonrisa suave se pintó en mi cara, y mi corazón ardió.
Pienso ahora, al correr de las palabras, que sea lo que ha de ser, hemos sido bendecidos, disfrutémoslo.
Inspiración divina la de este amor, que resucita lo que muerto estaba y nueva vida le da.
Pluguiere al cielo y a los dioses caprichosos, que esta vez
no seamos sus juguetes y dejen que vivamos en la gloria de
este excelso amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario