Como retazos de colores, gastados, nuevos,
distintos, iguales, así van componiéndose nuestros días.
Retazos desparejos que requieren armonía,
una armonía difícil o imposible de lograr.
De eso estamos hechos: de retazos desparejos,
desiguales, grotescos, barrocos, imposibles de armar.
A veces, aparece alguno hermoso, más desigual a los demás; imposible colocarlo entre los otros, y ese solo,
embellece al dislocado resto, sin lograr la unidad.
Retazos somos, por eso incompletos,
infelices, rotos. ¿Qué magia inaprensible
podría componer esto que somos?
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