martes, 30 de julio de 2013
Llegaste y no te has ido
Llegaste un día y no te has ido
Dolor me causas, nada te pido
Tú permaneces, pero es olvido
tu presencia desvanecida en un
quedarse por costumbre y cobardía.
Llegaste y fui feliz, mas no ha durado
Los días son transcurrir de pesadez,
melancolía, un arrastrarse en desnudez
de pensamientos que se callan por
dolorosos e hirientes, inocultables a pesar de
mantener ese silencio, ¡esos gritos con esfuerzo silenciados!
Llegaste, ¿para qué llegaste?, me pregunto.
Ahora, una vez aquí, si ya no puedes irte
deja de causar tanto dolor, grita todos tus rencores,
sé valiente, dime de una vez que no me quieres,
que te hartaste, que me odias, que nunca me quisiste,
que te has equivocado.
Esa es la eterna historia de mi vida.
No ha de sorprenderme.
Será una vez más y pasará el dolor.
En cambio, si te quedas, es lenta la agonía,
interminable y desgarradora la esperanza
de ser feliz contigo, y ahora ya lo sé, eso es imposible.
Apiádate de mí, déjame sola
Esfúmate de mi presencia
Apártate de mi vista y no te vuelvas.
Y jamás retornes a contemplar
lo que has dejado.
Ya nada encontrarás
de aquello que una vez has conocido.
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