No impida la distancia
la proximidad de
nuestras almas,
mentes y el misterioso
flujo de nuestras vidas.
Que no juegue el cruel destino
con nuestro
recién nacido y venturoso amor.
Que la esplendorosa llama que nos está
quemando
siga eternamente ardiendo,
aún cuando nosotros ya no estemos.
Que la excelsa belleza de nuestros
sentimientos,
vertidos en palabras que no alcanzan,
permanezca y adorne nuestros días con su resplandor.
Que no termine nunca nuestra portentosa
fuerza de sabernos juntos,
Unidos en el más incomprensible misterio:
el amor.
Me
pregunto qué capricho de los dioses
ha querido hacernos esto,
y me
pregunto a qué nos conducirá.
Que los dioses nos olviden y nos dejen este amor.
Pienso ahora al correr de las palabras,
que
sea lo que ha de ser,
hemos sido bendecidos,
con la gloria del amor,
disfrutémoslo sin siquiera
preguntar por qué
y roguemos quedamente:
¡No nos quiten este amor!
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