jueves, 8 de agosto de 2013
Cuerpo y espíritu, ¿juntos, separados?
¡Si tan fácil fuera separarnos
como ha sido el nombrarlos apartados!
Ya quedaron en sus nombres
alejados y como determinados
en sus ubicaciones, sean éstas cuales fueren...
Si tan fácil y sencillo resultara,
y al espíritu pudiéramos moldear
como al cuerpo podríamos deformarle,
y temibles metamorfosis lograríamos
y sobre el intocable, nuestras destructivas manos
posaríamos, creando viles y miserables esculturas.
Pero, ¿acaso no lo hacemos sin tocarlo?
Si tan fácil resultara separarnos
y en espíritu y en cuerpo,
cada uno por su lado, deambuláramos,
¡qué no haría este cuerpo a sus anchas
sin reproches metafísicos
ni reclamos de conciencia!
¿Dónde iría entonces el espíritu
sin la carga de este cuerpo farragoso
que en terrenas diversiones se entretiene,
y con éste todo el tiempo se malquista?
¿Acaso volaría lejos, presuroso, antes de volver
a su antiguo cascarón que tanto le ha pesado?
Son frecuentes, muy frecuentes
sus desavenencias, los caminos se bifurcan
y hasta que nos separemos, nos padeceremos juntos...
Espíritu, si así liberado del cuerpo,
ya no vuelvería a su antiguo hogar,
que no ha sido una estadía agradable
la ofrecida por el cuerpo tan concreto,
que le pesa, le perturba, le atormenta
¡no le deja ni siquiera, ser espíritu inmortal!
¿Y en lo eterno carga éste con el lastre de lo humano
y en su camino a la luz, lleva el lastre de las sombras
que lo humano le dejó?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario