lunes, 27 de junio de 2016

Orillas de la vejez



El amor llegó a mi orilla,
no me trajo paz ni gracia,
sólo fue dolor y llanto
y grande desolación.

No sé qué ensañado hado
se ha enseñoreado de mí,
cautivó mi pobre alma
y de mí la ruina fue.


Estaba yo tan tranquilo
en mi mansa mansa vejez
y este turbio remolino
arrasó mi placidez.

No hube buscado nada

y esa nada apareció;
me ha dejado tan vacío,
tan lleno de inquietud,
ya no sé dónde ponerme
ni cómo habré de vivir
lo que resta de mi ser.

¿Por qué apareció tan tarde?

¡no me puedo defender!
La fuerza no me asiste
ni astucia me queda ya;
¡soy de tan fàcil manejo!
Aniquilado estoy.


Creí que no tenía lágrimas,
ahora brotan raudales,
una sombra me acompaña:
es lo que antes era yo.
Vapuleado, humillado, destruido,
sin haber querido yo
¿Para que llegó a mi orilla
y este desierto dejó?

El amor, si ha llegado tarde,
y atormenta la vejez,
es tan cruel y despiadado
que en nada se asemeja
al amor que yo soñé.

jueves, 23 de junio de 2016

Búsqueda en el ocaso






Reunidos por la edad y el destino

juntamos nuestras manos

desde el alma

y conversamos largamente.

Tratamos de entender

aquello que la vida nos dejó,

no podemos, y por ello

nos consolamos mutuamente.


Sabemos, (y sólo eso sabemos),

que tenemos un breve retazo

de esta vida, para decirnos

las verdades que nunca hemos

visto y menos aún, nos hemos dicho.

Siendo sinceros y sin ocultamientos

todo saldrá y será compartido:

esa es la ilusión que nos anima.

Trataremos de ser suaves,

comprensivos y serenos;

ya es tarde para ímpetus

y desafueros, que somos viejos

y sólo nos queda aquello poco

que hayamos aprendido

para bien manifestarlo.



Nuestras almas flotarán

en el espacio entre nosostros,

nuestras miradas penetrarán 

el rostro queriendo buscar

lo que no está, sin conseguirlo;

es muy tarde para hacer lo que

no hicimos y ahora lo sabemos.



Pudimos y no quisimos

quisimos y no pudimos

¿cuál será la verdad?, decimos.

No lo sabemos, pero sí

conocemos lo que de ello

ha resultado, y lo vivimos

en el fin de nuestras vidas. 



Juntos, ahora sí, juntos,

buscamos con afán en el ocaso,

ocaso sin brillo y sin dorado,

ya nuestros soles apagados,

ya nuestro calor desvanecido,

cubierto por helado desamparo,

desamparo y agotamiento,

compañeros inevitables de los viejos.

Simulemos que ahora juntos,

lograremos, dulcemente, lo que antes

jamás hemos logrado...


martes, 14 de junio de 2016

Duerme


Duerme, al fin, el ser cansado
y repone así su fuerza;
olvida del día su furia,
se hunde en su propia negrura,
intenta desde allí buscar la luz.

Será por unas horas
(siempre son pocas),
un muerto que no ha muerto
todavía,
sus ojos igual ven,
aún más que cuando mira.

La búsqueda incesante
se agiganta,
imágenes abundan
y confunden
en mensajes encriptados
Ya será la hora de saber
cuál era el contenido
de la escena.

Duerme, duerme, duerme
el humano, que en el sueño
se encuentran los tesoros
más valiosos,
tan oculto su secreto
que necesita media muerte
para, a medias, verlo.

Será tarea muy enredada
querer desentrañar estos secretos.
Dejar que otros sueños
lo averigüen,
dará mejores frutos 
y los dejará en la almohada.

Duerme, duerme, duerme
el humano, que en el sueño
y sólo allí, tiene descanso,
ya que antes de su muerte
muere un poco y tiene
un anticipo de lo eterno
y lo posible.

viernes, 10 de junio de 2016

Buenas horas


Mi alma está feliz y
me lo dice,
satisfecha en las
respuestas que
de mí consigue.
Ella está, laboriosa
y afanada,
en lograr de mí
su recipiente
adecuado.

¡Cuánto más se 
esfuerza en estos días!
Así lo veo, lo percibo
lo vivo,
y así en mí
se manifiesta.

Cada día espera
mi acuerdo y, dulcemente,
me mueve a
los cambios
que a todos benefician,
y mi obediencia
es fruto de su amor.

Estamos en plena
armonía,
Y disfruto el resultado
de este tiempo.

Ha habido momentos
muy sombríos,
oscuridad y desencuentro,
tristeza muy profunda
y hasta rencillas,
pero hoy, nos encontramos,
ella en mí y yo en ella,
en gran hondura nos
fundimos y somos uno
aun siendo separables. 

Otros tiempos hubo
en que veía su danza
cuando de mí se iba;
ahora, juntos bailamos
y ella me conduce 
con su abrazo,
¡ella, que tanto me rodea
como me habita!

jueves, 9 de junio de 2016

Visiones ante el ocaso



Florece la ilusión y la ansiedad
por tenernos, y volvemos nuestros
pasos alejándonos de aquel ocaso.

Somos viejos amantes
y estamos tan felices
que no nos damos cuenta:
nuestras vidas tienen tiempo
acotado y en descuento. 


Un rayo de sol de un amor
vivo y exigente, se hace presente 
e interrumpe la llegada de las sombras
transformado el ocaso
en una aurora.

Temblamos en abrazo anhelado

y nuestras diferencias se esfuman,
se alisan y suavizan asperezas,
y todo se vuelve fina seda.

Somos los primeros y los últimos

Nuestros caminos se unieron
Antes de los tiempos
Eternos y amables corazones 

Henos aquí ahora, como antes,
como siempre, como nunca.

Podemos deleitarnos con hartura

sin temor a que acaben nuestras fuentes;
abundancia de amores y caricias
han hecho de nosotros unos cuencos.

Nuestros cuerpos se entremezclan,

se envuelven, se absorben, se acercan y
se alejan; toman la forma que le demos,
esa forma que tiene el sentimiento.

Somos invencibles: nuestro amor

es esencia, sustancia y forma;
es vida, es pasión  y es constancia
¡vivimos solamente para amarnos!

Nos dicen que tendremos otras vidas
y en todas querremos estar juntos.
Lo sabemos, lo deseamos, y felices,
preparamos el futuro alegremente.


miércoles, 8 de junio de 2016

Te he soñado


¡No sabes cuánto he soñado! 
¡A pesar de la tristeza y la tiniebla!
Tu recuerdo como un fuego me ha marcado

y tu voz he escuchado nuevamente, ¡tanta ternura
había en ella!

En mi sueño, tu dulzura me bañaba

y era poco el tiempo que me dedicabas,
tales eran tus deseos de tenerme en todo instante...
¡Ah! ¡Era un sueño! Tú jamás te habrías quedado
para amarme.


Sin embargo, en mi sueño tu presencia era
eterna, de mí formabas parte, y tu ser,
llevado por tu amor, ansiaba estar 
fundido en el mío.
¡Ah! Era un sueño, ese sueño
que desde hace tiempo me acompaña
porque tú nunca lo has hecho
y sé, y seguro estoy, que siempre
será un sueño.


He buscado con denuedo, 
en la noche el olvido,
mas en ella, tu presencia se hace fuerte
pues mi razón no domina mi deseo
y en mis sueños te instalas, 
firme, inolvidable,
más real que en mi vigilia.


¿Cómo quieres que te olvide?
En mi vida has entrado para siempre.
Mi ser habitas, te recuerdo y te mantengo
más que si estuvieras a mi lado,
pues al no tenerte, siempre te tengo;
es imposible tu huida, prisionera
como estás, ¡en mi pensamiento!

martes, 7 de junio de 2016

El regreso


Has vuelto a mí, llorosa y compungida
y tal vez, arrepentida
Antes, hace mucho, te rodeaba con mis
mejores actos, llenos de amor y devoción
y pensaba que tú, ¡oh! tú, los recibías
y te nutrías con ellos.

Mi alma se llenaba de gozo
en tu presencia y tu rostro
era un baño de luz para mis ojos.

Hoy, muy de mañana,
como mis esperanzas
nuevas y entusiastas,
llegaste, en medio de la niebla;
tu rostro mojado por las lágrimas
tus ojos cargados de ansiedad
y ¿soñé?, de ilusiones. 

¿Qué buscas?, pregunté afanoso.
Esperaba oir de ti una historia
de otros amores, con el dolor agazapado
en mi pecho.

Tus ojos se clavaban en los míos
y tus manos se apretaban, torturadas
¡Te amo! gritaste, y yo, con el alma
casi huyendo de mi cuerpo,
pregunté con el hilo de voz
que de  mí salió:
¿Estás segura?

Pensé que algún hada
bondadosa habría tocado
tu ser del más sólido diamante,
pero un temor invalidante
llenó mi alma de pavor,

Por un instante pensé
que al fin mi amor interminable
habría vencido tu dureza,
pero no dejándome engañar
por mis deseos, inquirí con descreímiento
el por qué de tu regreso
a mí, con declarado amor.

Me miraste preguntándote
qué habría cambiado en mí
y no hallaste una respuesta
que te tranquilizara.

Tu mirada se llenó de desconsuelo
y gemiste con dolor y abatimiento
mientras, ahora vencida, te alejabas
con la espalda encorvada con tu pena
y tu embate acabado en su comienzo.

No insististe, no fue firme tu reclamo;
casi antes del regreso comenzó
tu  pronta retirada.
Otra decepción me has causado;
pensé que estar conmigo
valía un tiempo aunque breve,
de insistencia en tu reclamo.

No habrá sido tan grande tu arresto
de amor, descubierto desde lejos,
que no habrás extrañado mis caricias
como yo he extrañado acariciarte,
pues, si así hubiera sido,
en mis brazos te hubieras cobijado
buscando recuperar aquel calor perdido.

Te fuiste, y tu figura se perdió en la bruma.
Mis  ojos te siguieron incansables
y guardaron para siempre tu silueta
en mi alma, siempre de espaldas, 
tal como te recordaba.