lunes, 27 de junio de 2016
Orillas de la vejez
El amor llegó a mi orilla,
no me trajo paz ni gracia,
sólo fue dolor y llanto
y grande desolación.
No sé qué ensañado hado
se ha enseñoreado de mí,
cautivó mi pobre alma
y de mí la ruina fue.
Estaba yo tan tranquilo
en mi mansa mansa vejez
y este turbio remolino
arrasó mi placidez.
No hube buscado nada
y esa nada apareció;
me ha dejado tan vacío,
tan lleno de inquietud,
ya no sé dónde ponerme
ni cómo habré de vivir
lo que resta de mi ser.
¿Por qué apareció tan tarde?
¡no me puedo defender!
La fuerza no me asiste
ni astucia me queda ya;
¡soy de tan fàcil manejo!
Aniquilado estoy.
Creí que no tenía lágrimas,
ahora brotan raudales,
una sombra me acompaña:
es lo que antes era yo.
Vapuleado, humillado, destruido,
sin haber querido yo
¿Para que llegó a mi orilla
y este desierto dejó?
El amor, si ha llegado tarde,
y atormenta la vejez,
es tan cruel y despiadado
que en nada se asemeja
al amor que yo soñé.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Conmovedor!
ResponderEliminarGrande! €l amor..