domingo, 1 de enero de 2017
Aridez
Estoy seco, árido, desierto;
de mi mente no brota el verso,
ni sé decirte lo que me pasa.
Corazón seco, apenas late
y a desgano.
En mi pecho reina el caos:
no sé qué quiero ni dónde ir.
No sé a quién amo,
ni si a alguien amo;
estoy seco, árido, desierto.
Mis manos se niegan a escribir,
mi mente a pensar,
mi corazón a latir.
¡Y aun así, estoy aquí!
Estoy seco, árido, desierto,
esto no es vida, ¡ay, ay!,
sino tan sólo permanecer.
Una llaga soy y no ardo,
soy una herida y no sangro.
Largo camino el del regreso
regreso solo, no sé por qué
Si nada siento para qué vuelvo.
Estoy seco, árido, desierto.
Cuando allí llegue, querré decirte...
pero, seguro enmudeceré.
Mi lengua seca está muy quieta,
los dientes prietos, presa en mi boca,
helados labios la han sellado.
Mi mente árida está confusa,
está vacía, entumecida.
Mi ser desierto se mueve lento
como esperando quien sabe qué.
Estoy seco, árido, desierto;
tal vez no espero, ni sé si espero.
Y sin embargo aquí te hablo
a ti te cuento, a ti que sabes,
a ti que entiendes mi padecer.
Si algo digo es para que oigas,
sólo tu oído sabe de mí,
sólo tú sabes que estoy así.
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