martes, 3 de enero de 2017

Hacia la cumbre


Voy a seguir tus pasos
por la misma senda escarpada
y dura que tú elegiste y me señalaste.
Estuve de acuerdo, tu senda es la mía,
has sido mi guía. 

La senda, un largo y duro ascenso.
La montaña es ardua, lejana;
es un desafío en cada paso dado.
Hay un gris intenso en su enorme 
pared imposible, la que por momentos,
se vuelve inasible.
Su grietas y salientes, sus cuevas,
su pendiente; es lento el ascenso.
Hay muchos tropiezos, hay miedo,
desaliento, sopla un fuerte viento.
Está sobre mí y en mi entorno,
su áspera roca me hiere muy hondo.
Sigo el ascenso, sin prisa ni pausa
agitado el pecho, mi mirada puesta
en aquella cumbre que quiero alcanzar
como tú alcanzaste.
Pienso en mis fuerzas que ya no son
tantas, pero no me arredro;
alzo mis brazos, mi cuerpo, mi vida.
Miro la cumbre, eso me anima,
cualquiera sea el costo,
llegaré a la cima. 

Me anima tu rostro, dulce, comprensivo.
Tú has sabido siempre cuánto me ha costado
seguir esta senda, dejar lo mío de lado,
olvidar la muerte, vivir en lo vivo.

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