viernes, 6 de enero de 2017

Intentos


Para qué exhibir la pena
si la pena es... ni siquiera intuída,
ni se abarca el sentir del apenado
por el que oye sorprendido
tal relato, tan ajeno a él, tan lejano.

El lamento del sufriente 
va al vacío; el que oye
ese lamento no pondera
ni puede responder
al pedido de consuelo;
¡no sabe cómo hacerlo!

Para qué reclamar la compañía
de aquel tan incompleto
como el mismo penitente que reclama;
ninguno de éstos dos puede hacer algo
con lo que se está lidiando
y la pena aumenta a cada paso.

Intenciones hay en ambos seres
que no podrán llevarse a cabo.
No hay conocimiento en estas lides;
no lo hay en el que padece
ni lo habrá en quien quiere consolar.
¡Ni siquiera se abarca lo que ocurre!

Los límites humanos tan estrechos
no permiten vislumbrar lo que es tan grande;
pequeñeces, a veces se escapan,
vano es entonces, pretender alcanzar 
lo que es tan grande y misterioso,
¿cómo puede el hombre soportarlo?

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