domingo, 1 de enero de 2017
El pozo
El pozo de tu dolor es muy hondo
y muy oscuro.
La pena y la desidia avanzan juntas.
Arañas las paredes, intentas escapar
de aquella hondura.
Inútil el intento, débiles las fuerzas,
cuerpo devastado.
Tus piernas no se mueven,
tus brazos caen, laxos.
Cabellos desgreñados y opacos
Palidez de muerte anticipada,
ojos sin brillo, sin mirada.
Nada ven y nada buscan.
Te miro y desconozco tu presencia
Has cambiado en el dolor
y es fiero el cambio.
Te devora la pena poco a poco
y me miras sin mirarme,
con rostro enajenado,
sin expresión alguna, desolado.
Estoy fuera de ti y estoy mirando,
¡cómo dejas que la pena te consuma!
Tu cuerpo no soporta tanta carga
Es hora de un respiro, dame cabida.
¡Soy tu alma que viene a rescatarte!
Me ha alejado tu constante llanto.
Tu deseperación no entiendo.
Te hablo de lo eterno y no escuchas,
déjame entrar y de nuevo habitarte:
¡Soy tu alma y vengo a rescatarte!
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