martes, 1 de mayo de 2018
De la tragedia del amor
Oh, trágica condena deliciosa
del amor humano,
que siempre duele
frustra, destruye, mata,
enaltece a veces;
que es efímero y cruel.
Oh, trágica condena
del amor humano
que somete, seduce,
envilece a veces;
al infierno y al cielo
transporta en un pendular
inagotable.
Oh, trágica condena
del amor humano
que aparenta la suprema
dulzura y el más elevado bien,
sin embargo, en un instante,
trae consigo la amarga desesperación
de la traición.
Oh, trágica condena
del amor humano
que transforma el héroe
en un títere y a la heroína
en una veleidosa hetaira,
y despierta en ellos
sus viles miserias.
Oh, trágica condena
del amor humano
al que le cantan todos
los poetas y por el que
desfallecen los cuerpos
y se quebrantan
férreas voluntades.
Oh, trágica condena
del amor humano,
inevitable por ansiado
y necesario, incomparable,
idealizado, grande,
buscado, difícil de hallar,
y cuando hallado, esquivo
y frágil.
Oh, ¡trágica condena!,
inevitable y deseada,
la que si no llega,
se vuelve uno más desgraciado
que cuando ha llegado.
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