estés viejo y gris, y soñoliento
y balbuceante, y ante la chimenea,
tomes esta carta,
leerás lentamente y soñarás, quizás,
con la suave mirada
y los labios rojos que antes
besaban los tuyos incansablemente.
Amado fuiste y no lo hubiste disfrutado;
momentos de alegre gracia te rodearon
y con falso amor devolviste a quien te amaba,
solo dolores, desprecios, burlas y crueldades.
Ahora, inclinado, curvada tu joroba,
ante las olvidadas palabras de esa carta,
murmurarás, triste, frío, tembloroso,
cómo escapó el amor de entre tus manos,
que no quisieron asirse a quien te amaba.
Ahora, es tarde, ella ha muerto, y tal vez,
ya no te quede ni la esperanza de verla
luego de tu solitaria muerte.
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