martes, 30 de octubre de 2018
Caen palabras, lanzas de fuego
Y caen palabras como lanzas de fuego,
hieren, aciertan; se clavan en el justo centro.
Cada una muy bien elegida para su fin:
quien hiere sabe cuál debe decir.
Conoce cuál gesto en su cara pintar
también el tono con que debe hablar.
Será susurrante cuanto más hiriente,
filosa y aguda la deslizará al oído
y hendirá el alma como carne blanda
y allí quedará.
Y caen palabras como lanzas de fuego,
caen por doquier, rodean, acorralan,
no dejan espacio a defensa alguna
ni poder correr, refugio buscar;
arrecian y abundan, fluyen en cascadas
golpean como mazos en pleno batallar.
El "apalabra-lanceado" se va arrodillando,
se inclina su cuerpo, su espalda se dobla
su cabeza cae. Sus ojos no miran, no ven,
no tienen más luz. Él mismo se apaga,
arrebatada su vida, aun vivo,
se ha secado ya.
Parece que ser cuesta, y resistir, aún más.
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