jueves, 11 de octubre de 2018

Extasiado en el amor


Atónito contemplo mi nuevo estado 
Parece hace un instante, desfallecía sin remedio
La vida se me escurría entre las venas
No había nada que esperar sino la muerte
Ahora, no me alcanza el aire para aspirar
las emociones que me recorren, reviviéndome

El objeto de mi amor ha vuelto
Está junto a mí,
Está conmigo,
Ella es yo y yo soy ella
Todo revive, todo resucita
todo se renueva, todo es glorioso.

Cómo puede alguien morir por instantes
y vivir enloquecidamente al momento siguiente.
Qué sucede en esta forma de existencia
que sufre tal transformación ante el efecto del amor.
Qué es eso que convierte la muerte en vida
aun cuando parecemos estar 
irremediablemente muertos.

Catarata, aluvión de emociones, calidez,
sentimientos suaves, bellos, conmovedores.
Pasión, ternura, caricias infinitas...
Qué ráfaga de vida arrasadora
trae este milagroso sentir, que redime,
resucita, alegra; quita del sopor nefasto
de la decepción y del deseo de morir.

Mas, luego que ha pasado el torbellino
de esas emociones desatadas y confusas,
y que ha limpiado todo raciocinio
dejando a su paso una sana locura
que impide el pensar, se desvanece la ráfaga
y vuelve todo a la razón, y con ella,
vuelve la tortura del vivir sin ese amor. 

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